PARADOJA
¿Y quién eres tú…? Pregunta el anciano.
La carita de tristeza con que la nieta lo mira marca el
final de la película.
En el último tiempo habían desarrollado un vínculo tan
estrecho que ella dejó su carrera de Notaria que había creído su vocación. O el
sueño de su padre.
-¿Y qué voy a hacer yo sin mi hija Notaria?- Pregunta al
aire cuando la joven le cuenta que en esos días, en la residencia de verano
para ancianos, mientras acompañaba a su abuelo había descubierto que necesitaba
estar allí con él, con los demás. Quería ayudar.
Dejaba su carrera e intentaría convertirse en ayudante
terapéutica para la tercera edad. Un cambio radical para una joven de
veintipocos años.
Su abuelo había sido diagnosticado con Alzheimer. Era un
viejito simpático de 80 años al que le toca en suerte como compañero de
habitación un loco lindo, farolero como diría mi papá, que anda contando por
ahí que en su cuarto tiene una colección de condones de todas partes del mundo
¡hasta uno japonés con música!
El resto de la población de la residencia son un puñado de
personajes variopintos, reconocibles por cualquiera que haya acompañado a un
ser querido en esas circunstancias.
Tristes, alegres, risueños, huraños, llorosos, enojados,
solos, acompañados…
Pesqué la película en un zapping aburrido y me quedé en ella
porque el protagonista era Manuel Alexandre, el mismo de Elsa y Fred, aquella
historia en que junto a China Zorrilla recreaban la escena más famosa de La
Dolce Vita de Fellini, en la Fontana Di Trevi.
Y me atapó.
Justo, abuelo y nieta entraban por primera vez a la
residencia. Hasta ese momento mantenían una relación afectuosa pero distante.
Ella cada tanto lo iba a ver, pero estaba demasiado ocupada en sus cuestiones.
El resto de la familia está de vacaciones en San Sebastián.
Si bien la pesqué tarde, me gustó mucho. Tiene encantadoras
escenas risueñamente emotivas, otras fuertes que traen a mi memoria algunas
situaciones con mis padres y tías. Y otras francamente divertidas.
Hasta el mencionado final.
-¿Y tú quién eres …?- Pregunta el abuelo mientras mira la
cara triste de su nieta.
Ese es precisamente el título de la película española de
2007, que recomiendo fervorosamente. Es una obra del director Antonio Mercero
en honor de un gran amigo suyo que padecía Alzheimer en grado avanzado.
Para hacerla contrató los servicios de una neuróloga que lo
guiaría en las diversas historias, test, estudios, comportamientos, etc…
Promediando la película, esta profesional notó que el propio
Mercero presentaba algunos síntomas de Alzheimer.
He aquí la paradoja. Antonio Mercero realizó una deliciosa
película en honor a su amigo que termino siendo también su propio homenaje.
Por eso, como diría Tato: ¡Good Show! Vermut con papas
fritas y… ¡A Vivir ,Qué Son Dos Días!
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